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Celia MOrales, ponente hablando en el curso
9 de Julio de 2026

Celia Morales: “Ha cambiado el perfil del acosador, del acosado y del acoso escolar”

Un curso de la Universidad de Verano de Adeje ofrece pistas al profesorado para detectar y prevenir señales de acoso escolar y ciberacoso en las aulas

Resumen de la noticia

• La Universidad de Verano de Adeje ha celebrado un curso para enseñar al profesorado a detectar el acoso escolar desde sus primeras señales.

• El acoso escolar ha cambiado con los años: ahora también ocurre a través del móvil y las redes sociales.

• Una señal de alerta es cuando un niño o niña que antes era alegre empieza a mostrarse triste, enfadado o con conductas diferentes a las habituales.

• Si tienes hijos o hijas, es importante mantener abierto el canal de comunicación con ellos para que puedan contarte si algo les pasa.


Uno de los problemas sociales relacionados con la población menor de edad que más preocupa a la ciudadanía es el acoso escolar, que parece haberse agudizado en los últimos años, en parte por el auge de dispositivos móviles que facilitan el ciberacoso. Celia Morales Rando, del Departamento de Didácticas Específicas de la Universidad de La Laguna, dirige en la Universidad de Verano de Adeje un curso que dota de indicadores al profesorado para detectar estas situaciones. "Es un tema que necesita atención porque el acoso, como tantas cuestiones en educación, ha ido evolucionando con el paso del tiempo: ha cambiado el perfil del acosador, del acosado, la manera de hacerlo y, por eso, es importante para los maestros y maestras reciclarse en este sentido".

En la primera sesión, Morales Rando ha ofrecido una serie de recomendaciones muy prácticas para que el cuerpo docente sea capaz de apreciar los primeros indicios de acoso tanto en el aula como en el recreo e, incluso, en el hogar, en el caso de los progenitores. "Un ejemplo de indicador sería el de ese niño que es muy alegre y le gusta ir al colegio y, de repente, vemos en él un cambio, empezamos a verlo triste, enfadado y con conductas que antes no tenía. Ese sería el primer indicio".

La experta enfatiza la importancia de atajar el problema tan pronto como sea detectado, porque existe el riesgo de que, si la situación se perpetúa, puede degenerar en problemas graves a largo plazo, como depresión, ansiedad, trastornos alimenticios e incluso pensamientos suicidas.

También resalta la importancia de mantener fluida la comunicación con el o la menor afectada, algo que no siempre sucede. "Hay muchos padres que, cuando los niños van a contarles algo, no son capaces de recibir esa información. Están a mil cosas, no los culpo, pero a veces cortan ese canal de comunicación y al niño que les cuenta un problema le dicen que 'eso son cosas de críos' o que se arreglen como puedan". El riesgo de cortar así la comunicación es que el menor interprete que el problema lo tiene que resolver solo y acabe cerrado en sí mismo, e incluso se niegue a hablar con psicólogos, maestros y otros perfiles que pudieran ayudarle.

Conviene distinguir el acoso de lo que no lo es. "Los niños toda la vida han discutido, se han peleado y se han reconciliado solos. El acoso se diferencia porque se perpetúa en el tiempo y se da con una diferencia de poder: hay un niño que tiene más poder porque tiene más amigos, más desparpajo o lo que sea, y ejerce ese poder sobre otro niño que no puede hacer nada, porque lo están sometiendo a una situación que no puede manejar".

Durante el curso se han practicado dos técnicas para trabajar el problema del acoso escolar: el sociograma y el relato. El primero es un método procedente de la psicología surgido en los años 30 del siglo pasado que consiste en un cuestionario que responde todo el alumnado, en el cual caracterizan al grupo según su percepción: con quién le gustaría trabajar, quién considera que es el más divertido en el recreo, quién cree que necesita ayuda en ciertas cuestiones. "De este modo es posible tener una perspectiva visual sobre las relaciones dentro del grupo, quiénes son los líderes, cuáles son los roles, y desde ahí podemos actuar".

En cuanto al relato, Morales explica que la escritura es idónea para facilitar la detección de casos de acoso que no han aflorado. "Hay muchos niños que no son conscientes de que son acosados, o que directamente no se animan a contarlo porque no tienen las habilidades orales. La escritura les puede servir para que puedan expresar lo que les está pasando sin necesidad de hacerlo a tiempo y poder expresarlo".

Una vez detectado el acoso, el profesorado puede aplicar el protocolo diseñado por la Consejería de Educación. Pero si se llega a ese punto, quiere decir que la situación ya está en un punto preocupante, por lo que la experta recomienda al profesorado estar atento a los primeros indicios para que el problema ni se perpetúe ni se consolide. "Por eso vamos a trabajar una serie de tareas que pueden realizar en su clase ordinaria y que pueden servir para trabajar estos problemas de acoso. En el caso de que obviamente no se consiga, se necesita que la consejería y los servicios intervengan, y lo ideal es que esa intervención sea multinivel".

En el curso también han participado Rebeca Villarroel, del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, que profundizó en los indicadores en el entorno familiar y el ciberbullying, y Javier Batista Espinosa, del Departamento de Psicología Evolutiva, que profundiza en el ciberacoso. "Se han duplicado los casos desde el año anterior hasta este", advierte.

Aula con alumnado y la ponente Celia Morales
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